fbpx
MONICA@LIFEFULLOFGOODNESS.COM

Hace varios años, mi casa celebró el “retoque” del primer año. Este es un servicio que dan las casas constructoras para arreglar problemas cosméticos que surgen al cimentarse las casas recién construidas. Ese día, un grupo de pintores invadieron todos los rincones de mi casa por ocho horas continuas, reparando, sellando, lijando y pintando cada uno de los rayones, agujeros y marcas en cada pared y techo.

Los rayones en los cuartos donde se quedaron varios amigos y familia que nos visitaron en ese primer año. Las marcas de diferentes colores que fueron apareciendo cortesía de mi hijo menor, cuando volaba sus “hot wheels” de un piso a otro. En las escaleras había dos rayas profundas hechas con el sillón de mi hija cuando un día se le antojó bajarlo de su cuarto a la sala, sin ayuda. Las manchas negras de manos en las paredes de las puertas del jardín hechas por jugadores de futbol cuando necesitaban refrescarse después de un partido. Los raspones en las paredes que hicimos al mover los muebles una y otra vez porque no podíamos decidir cómo acomodarlos. Los agujeros en las paredes cuando cambiamos  cuadros de lugar. Y los rastros inequívocos de maletas que subieron y bajaron por la escalera.

En solo un día, las huellas de un año entero se borraron.

Tomó mucho tiempo, esfuerzo y varias manos trabajando para dejar nuestra casa otra vez como recién hecha. De nueva cuenta, la casa se volvió un lienzo en blanco, listo para plasmar nuevas memorias.

Esta experiencia me hizo pensar:

¿Qué tal si de vez en cuando hacemos este mismo tipo de retoque, pero al corazón de aquellos que viven en nuestra casa?

¿Qué tal si también retocamos esos días en los que nos falla la paciencia y tolerancia y acabamos gritando a los que nos rodean?

¿Qué tal si pudiéramos limar los corazones rayados?

¿Qué tal si pudiéramos restaurar esos agujeros de inseguridad?

¿Y si pudiéramos usar nuestra presencia plena para resanar los días que vivimos en “piloto automático”?

¿Y si lijamos con fuerza esos malos hábitos que se empeñan en manchar nuestras vidas?

Como esos pintores que trabajaron en mi casa, necesitamos tiempo, herramientas y el objetivo claro de “retocar” nuestra vida. Aquí unas ideas para empezar:

1. Busca el tiempo.
Tómate un tiempo para pensar que cuál área de tu vida necesita un resane. De la misma manera que observas un cuarto que necesita reparación, haz un recorrido de tu persona y tus relaciones y evalúa que parte necesita más atención y qué tipo de ayuda.

2. Define cuál es tu intención.
Habla, escucha, procesa y empatiza con los “rayones” que encuentras en tu recorrido.
¿Qué sientes? ¿Está descolorido?
¿En dónde encontraste grietas? ¿En tu relación de pareja, en la relación con tus hijos o en las constantes peleas entre ellos?

3. Decide cuáles  instrumentos y técnicas utilizar.
¿Quizás es necesario pedir perdón o perdonar?
o ¿Reestablecer tus prioridades?
o ¿Apartar tiempo como pareja para ponerte al día y reconectar?
o ¿Encontrar alguna actividad que compartas con tu hij@ para renovar su relación?

Considera:
¿Cómo puedes demostrar tu aprecio por las características especiales de cada uno de tus hijos?
¿Qué películas, libros, videos o experiencias pueden ayudar a abrir los canales de comunicación?

4. Empieza la reparación.
Ya sea pintar, resanar, retocar, lijar… Date el tiempo para reparar tus relaciones y sanar.

Las relaciones tienen sus momentos conflictivos, y requieren de trabajo continuo, pero siempre existe una manera de arreglar y limar asperezas y empezar nuevos capítulos al darle un buen  retoque a nuestra vida.

Escrito por Monica Kerik