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Está comprobado científicamente que ayudar a los demás es una forma poderosa de incrementar nuestra felicidad personal, que dejará marcas importantes en nuestro bienestar personal.

Y tal vez te preguntas el porqué.

Ayudar es dar

Dar a otros incrementa nuestra satisfacción, le da sentido a la vida, nos hace sentirnos más capaces, mejora nuestro sentido del humor y reduce el stress. Quizás es aún más importante el hecho que nos distrae de nuestros propios problemas y además los pone en perspectiva.

Dar a otros nos conecta con los demás, satisfaciendo así una de nuestras necesidades humanas más básica.

¿A quién ayudar?

Hay varias opciones: Personas desconocidas, a tu familia, amigos, colegas del trabajo, vecinos. Cualquier persona que esté cerca o lejos. Abriendo tus ojos y tu corazón encontrarás alguna manera de poder ayudar.

¿Qué puedes dar?

Cuando pensamos en dar por alguna extraña razón sólo pensamos en cosas materiales. Claro que esa es una manera de ayudar y beneficiar a otros. Pero cuando esa opción no es posible o no es necesaria, hay muchas otras maneras de dar que van más allá de lo económico y tienen más significado.

Dar tiempo, cuidados, compartir nuestras habilidades, pensamientos o atención. Hacer una llamada  a un amigo, una sonrisa a un extraño, una nota a nuestros hijos. Puede ser una invitación a tomar un café o a cenar en tu casa. Todo ayuda, hasta un sincero “¿cómo estás?” al chico que trabaja en la tienda.

Ser amable y generoso contagia a otros a hacer lo mismo. Cuando damos y recibimos, también nos inspira a ser más amables con nosotros mismos. E inspira a otros a ser amables con los demás también.

Con cada acción que tomamos para animar o ayudar a otros, afectamos de manera positiva su día y la reacción en cadena que inicias con un solo acto bondadoso es infinita.

Si quieres sentirte bien… Haz el bien.

Escrito por Monica Kerik