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Nunca olvidaré el día en que a mi esposo se le ocurrió elogiar la corbata de mi hermano, porque en ese preciso instante y sin dudarlo él se la quitó y se la ofreció. Después de que la corbata pasó de la mano de mi hermano a la de mi esposo varias veces, finalmente aceptó quedarse con ella. De hecho, la corbata sigue en nuestro closet. Y aunque ya no está de moda, se quedará ahí porque nos trae un recuerdo muy especial.

Después de vivir este momento me di cuenta que un nuevo mundo se abrió ante mis ojos al pensar el enorme potencial que todos tenemos cuando somos amables y generosos con otros. Se me plantó una semillita de agradecimiento y responsabilidad que a partir de entonces me ha hecho sentir la necesidad de tratar de ser así, simplemente amable con otros. En la primera oportunidad que tuve de hacer una obra generosa para alguien más, me di cuenta del porqué mi hermano se comporta de esa manera.

Ser amable provoca una sensación de alegría y paz y a la vez, se convierte en una necesidad diaria. Tu perspectiva hacia la vida cambia pasando de estar constantemente envuelto en uno mismo a ocuparse de pequeños detalles que mejoran la vida de otros. Y por experiencia te digo que esas pequeñas acciones se vuelven gotitas que tocan a otros causando una reacción en cadena porque la sensación de bienestar al dar, es contagiosa.

Otro día estaba con mi familia caminando en un campo con flores silvestres. Mi hijo menor arrancó un par de flores y me las dio. Estaban lindas y coloridas y mi hija vio que me gustaron y arrancó unas cuantas más y las juntó con las que ya tenía. Después de caminar un poco más mi hijo mayor encontró más flores para completar el ramo.

Para mí ese momento fue una expresión gráfica, muy clara del resultado de actos amables y generosos. Empieza por algo pequeño, lindo y colorido como un par de flores, y al juntar más actos se vuelve algo grande y bello como un ramo de flores.

No sería lindo contribuir a ese ramo?

Como he compartido antes, una de las preguntas que les hago a mis hijos en la noche es: ¿Qué hiciste por los demás? Y ¿Cómo te sentiste? Esta pregunta ha sido una herramienta muy importante para que ellos conscientemente busquen oportunidades de hacer a otros sentir bien y para su deleite, tener una historia que contarnos en la noche.

Hay muchas otras maneras de incluir esa pequeña dosis de felicidad en tu vida y en la de otros: smile cards, cafés suspendidos, calendarios de amabilidad o tan solo palabras amables y acciones bondadosas salpicadas a nuestro alrededor, sin esperar nada a cambio. Mi sugerencia para animarme a mi tanto como a ustedes es:

Busquemos siempre tener al menos una historia de amabilidad que contarnos cada noche.

Escrito por Monica Kerik